UNA EXPLICACIÓN MARXISTA SOBRE CRISIS CAMBIARIAS Y FINANCIERAS EN PAÍSES SUBDESARROLLADOS

 

En las últimas dos décadas varios países subdesarrollados sufrieron crisis cambiarias y financieras, más profundas que las crisis cambiarias de cualquier país desarrollado y también más profundas que las crisis cambiarias que caracterizaron a las dinámicas “stop and go” del período de sustitución de importaciones. Estas crisis se conocen en la literatura como crisis “sudden stop”, o “detención súbita”, en referencia a la reversión de los flujos de capitales. Si bien el término “Sudden Stop” lo emplearon por primera vez Dornbusch et al en 1995, el fenómeno es anterior a la crisis del Tequila. Se trata de crisis de cuenta de capitales en el sentido moderno, a diferencia de las crisis que afectaron a los países subdesarrollados durante la década de 1930. En tanto las crisis de los años treinta se propagaron desde los países centrales a los periféricos a través de los vínculos comerciales, y no hubo salidas precipitadas de “dinero caliente” de los países subdesarrollados, las crisis actuales se producen en el marco de los movimientos rápidos de los capitales globalizados. En todos los casos recientes durante la fase alcista del ciclo económico se registraron fuertes entradas de capitales externos, seguidas de la retirada repentina y fulminante de las inversiones de cartera y líquidas por pérdida de confianza, acompañada por devaluaciones de las monedas.

Sobre 15 episodios registrados (no entra la crisis argentina de 2001) en Calvo (2003), en siete casos las salidas de capital equivalieron al 10%, o más, del pnb de los países; el punto máximo fue Tailandia 1996-7, con el 26%, en tanto en Argentina 1994-5 fue el menor, con el 5%. Las últimas crisis en particular se han caracterizado por una fuerte y brusca contracción de la producción y la inversión, con el consiguiente aumento de la desocupación y de la pobreza. En el caso de la crisis asiática, el output no volvió a su pico anterior a la crisis hasta 2002, y la inversión todavía está un 15% por debajo de su pico. La tasa anual de crecimiento promedio de Corea, Malasia, Filipinas y Tailandia pasó del 6,9% entre 1993-I y 1997-I, a –9,7% entre 1997-I y 1998-II; la inversión pasó de un crecimiento anualizado de 9,1% a una baja del 35,9% en los mismos períodos de tiempo. En lo que respecta a la crisis en América latina (se toman en cuenta Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela), la tasa anual de crecimiento pasó del 4,4% entre 1990-I y 1998-II a 0,2% entre 1998-II y 2002-IV; la inversión pasó de una tasa anual de 7,4% a –4,1% en el mismo período [datos Calvo (2005)]. En Argentina la caída del PBI en 2001 y 2002 fue del 15%, y la inversión se derrumbó un 30,7% en el mismo período (datos BCRA). Las recuperaciones fueron por otra parte también fuertes: los países asiáticos mencionados crecieron a una tasa anual del 5,4% entre 1998-II y 2004-II, en tanto los latinoamericanos crecieron el 5,4% entre 2002-IV y 2004-III [datos Calvo (2005)].   

En este trabajo presentamos una explicación basada en la teoría del valor trabajo de las crisis cambiarias y financieras en los países subdesarrollados. Tratamos el caso de una economía subdesarrollada pequeña, donde el sector externo representa una parte relativamente baja del pnb (por ejemplo, el 20%). A pesar de que la participación del sector externo no es cuantitativamente importante en términos del pnb, se supone que la economía depende del mercado mundial dada su necesidad de importar tecnología. Hacemos el supuesto simplificador que el mercado interno no está protegido por aranceles (no existen o su peso es despreciable), y por lo tanto su situación con respecto a la competencia internacional depende de la evolución del tipo de cambio real. Presentamos entonces la relación entre crecimiento y tipo de cambio, y los problemas financieros vinculados a la forma particular de desarrollo. Discutimos luego posibles escenarios alternativos de crisis cambiarias y financieras, basados en la experiencia argentina; y las condiciones de recuperación de una crisis profunda como la de 2001. Finalmente planteamos la posibilidad de estudios de otro tipo de crisis en economías subdesarrolladas en las cuales las exportaciones industriales son impulsoras del crecimiento, pero el desarrollo tecnológico y productivo es atrasado con respecto a los países adelantados.

 

Crecimiento distorsionado y tipo de cambio, problemas generales

 

a) Inversión y crecimiento

 

Comenzamos planteando las características del crecimiento, que conectaremos con las evoluciones bruscas, y las crisis, del tipo de cambio. Partimos de lo desarrollado en Astarita (2004) acerca de la presión estructural –basada en la ley del valor trabajo- sobre los tipos de cambio de los países subdesarrollados para ubicarse, tendencialmente, en un nivel por encima del indicado por la paridad del poder de compra con relación a las monedas de los países desarrollados.[1] 

Suponemos, en primer lugar, que la inversión juega el rol decisivo en el desarrollo económico y en el ciclo. O sea, a diferencia de los modelos neoclásicos, que toman la tasa de ahorro como el factor decisivo del desarrollo a largo plazo, en esta concepción –que responde a la idea de los clásicos y de Marx- lo decisivo es qué parte del ahorro se invierte productivamente. En este respecto un aumento de la propensión a invertir, i, (i = I/Y, donde I es inversión e Y es ingreso y/o output) mejora el crecimiento de la economía a largo plazo.

La inversión se divide en inversión en capital circulante, Ic, e inversión en capital fijo, If. Ic está determinada por la tasa de crecimiento del ingreso, gY (= DY/Y); en símbolos:

                      (1)        Ic  = Ic(gY), siendo Ic/gY > 0

A su vez If  es función de la tasa de ganancia empresaria, pe, de la variación de esta tasa, pe’, de las perspectivas de crecimiento de la economía, que resumimos en la variable W, y de una variable x que se relaciona con la competencia. 

pe es la tasa de ganancia promedio –toma varios períodos- luego de pagar intereses; o sea,

                      (2)      pe = p - r.

pe’es la variación de pe, de período a período, (por ejemplo de trimestre a trimestre; quitando la estacionalidad, en caso que corresponda). W depende de la evolución del ingreso (y por lo tanto de la demanda) de largo plazo que se prevé, Y(e), y del desarrollo tecnológico general, l. En símbolos entonces,

                        (3)     If = If (pe’; pe; W; x)

                        (4)     W = W (Y(e); l)

La justificación económica de (1), (3) y (4) es la siguiente.[2] Con respecto a (1), supone que cuando aumenta la demanda, por ejemplo a la salida de una recesión, los empresarios tienen capacidad ociosa y ajustan el output a la demanda creciente aumentando la contratación de horas de trabajo y comprando materia prima. En cierto sentido recoge el principio de aceleración tradicional; pero no se hace supuesto alguno sobre retardos que puedan estar en la base de los ciclos económicos.

(3) nos dice que a medida que el ciclo se afianza los empresarios pasan a la inversión en capital fijo para ajustar la capacidad a la demanda.[3] Para decidir esta inversión tienen en cuenta la evolución de la tasa de ganancia de trimestre a trimestre. Esta evolución decide las inversiones en capital fijo que implican períodos de amortización relativamente breves. La If destinada a obras de largo plazo y de infraestructura se decide tomando en cuenta no sólo la evolución de la tasa de ganancia, sino también la tasa de ganancia promedio en el sector en el mediano plazo. Además los empresarios tienen en cuenta las perspectivas de largo plazo de la demanda – por ejemplo, cuánto puede evolucionar la demanda de determinado producto en el largo plazo teniendo en cuenta la experiencia en otros países- y cuál será la evolución de la inversión en tecnología en general, l. En cierto sentido W recoge la idea de Keynes de los “animal spirits”, esto es, de las olas de entusiasmo que animan las decisiones de inversión; pero ancla en las perspectivas de largo plazo del desarrollo ligadas a la evolución pasada de la economía. Con respecto a x, lo introducimos para recoger un efecto que puede ser importante en determinadas coyunturas en que se exacerba la lucha competitiva entre los capitales –a través de bajas de precios- y los empresarios pueden sentirse impulsados a seguir invirtiendo a pesar de que las perspectivas de pe  ya no son buenas. Si bien este factor será despreciable en nuestra economía subdesarrollada relativamente cerrada, adquiere importancia para economías atadas a la dinámica exportadora cuando se generan crisis de sobreproducción en los mercados mundiales (véase infra el análisis inspirado en el caso asiático). 

Una consideración especial merece l. En cierto sentido recoge la idea de Harrod de la tasa “natural” de crecimiento, que pone un techo al crecimiento explosivo en el largo plazo. Pero en tanto la tasa natural de crecimiento de Harrod es igual a la tasa de crecimiento de la población más la tasa de desarrollo tecnológico, en nuestra economía subdesarrollada suponemos que no hay restricciones por el lado de la oferta de mano de obra. Pero por otra parte l presenta una restricción al crecimiento que será mucho más fuerte que en los modelos harrodianos de economías desarrolladas. Las decisiones de invertir en la economía subdesarrollada están condicionadas de manera decisiva por las inversiones en infraestructura productiva, por las posibilidades de importar tecnología y de obtener los bienes intermedios necesarios. Para ilustrar este condicionamiento con un ejemplo: en nuestra economía subdesarrollada la decisión de realizar inversión en plantas petroquímicas, o metalúrgicas, estará condicionada no sólo por las perspectivas de la demanda futura, y por pe  y su evolución, sino también por las previsiones que hagan los capitalistas acerca de las disponibilidades de energía y/o materia prima a costos competitivos. l refleja esta constricción sobre las perspectivas de inversión.[4] Además, dado que se trata de una economía pequeña, siempre estará planteada la posibilidad de trasladar la decisión de invertir a otro país si no se satisface este requerimiento.

Se supone por otro lado que la If en plantas industriales y equipos de larga duración (por ejemplo, en la industria del acero un nuevo tren de laminación o un alto horno) otorga a los ciclos económicos una tonalidad expansiva importante. Esto significa que en un contexto de crecimiento de grandes inversiones, las recesiones serían suaves, y las fases alcistas sostenidas. Lo inverso sucede si la If  no comprende una parte importante en obras de largo plazo. Esa inversión aumenta l, lo que a su vez influye positivamente sobre las perspectivas y realimenta la inversión, dándose así un círculo virtuoso. Lo opuesto ocurre cuando se debilita la tasa de ganancia o aparecen constricciones de largo plazo sobre l.

 

b) Tasa de ganancia y tipo de cambio

 

Avanzamos en el estudio de la tasa de ganancia empresaria, pe. Dejamos de lado por ahora la influencia de r, para examinar los factores que determinan la tasa de ganancia “bruta”. En términos generales la tasa de ganancia depende positivamente de la participación de los beneficios en el output y de la productividad, y negativamente de la relación capital/trabajo. En símbolos:

               (5)      p = B/K =  (B/Y) (Y/L) (L/K)

Siendo B: beneficios; K: capital (constante fijo); Y: output; L: trabajo.

Aquí se hace la simplificación de contar como capital no la suma del capital fijo y circulante, sino sólo la inversión en capital fijo. Se puede considerar que la inversión en capital fijo es la más decisiva a la hora de calcular la tasa de ganancia.

Dado que se trata de un país subdesarrollado, donde la productividad por obrero que responde a lo estrictamente tecnológico es baja con relación a los niveles internacionales,[5] este capitalismo sostiene en buena medida la tasa de ganancia a través de la intensificación de los ritmos de producción, una alta relación B/Y y bajos salarios en términos de la moneda mundial.[6] La extrema desigualdad en la distribución de los ingresos entre la clase obrera y la clase capitalista es entonces, hasta cierto punto, una necesidad “estructural” de la economía. Por otra parte la productividad, y por lo tanto la rentabilidad, pueden aumentar rápidamente al comienzo de una fase expansiva, luego de la recesión, por la simple utilización de capacidad ociosa. Esta variación del ingreso orienta, como dijimos, la Ic. Para ver la incidencia de la capacidad ociosa en la tasa de ganancia, podemos expresar p de una forma alternativa a (5):

          (5’)    p = B/K = (B/Y) (Q/K) (Y/Q)

donde Q es capacidad, de manera que K/Q es la ratio tecnológica de capital-capacidad e Y/Q es la ratio de utilización de la capacidad.

Pero además en nuestra economía subdesarrollada la tasa de ganancia de las diferentes ramas estará influenciada por los precios relativos entre los bienes transables (BT) y los bienes no transables (BNT); esto es, por el tipo de cambio real, q (q = EP*/P). Destacamos que la influencia que ejerce el tipo de cambio real sobre la rentabilidad es de una naturaleza cualitativamente distinta a la que ejerce sobre la rentabilidad de los sectores en los países adelantados. Esto sucede porque el tipo de cambio conecta el espacio nacional de valor –con su productividad diferenciada- con el espacio mundial. Dada la menor productividad general de la economía, y la necesidad estructural que de ahí se deriva de un tipo de cambio “competitivo”, esto es, depreciado en términos reales, a fin de que los sectores productores de BT puedan competir con empresas y sectores más desarrollados, se comprende la importancia de las evoluciones de q para la rentabilidad de los sectores, y su crecimiento[7]. Además, debido al carácter dependiente de la economía en lo que hace a equipos de alta tecnología y avanzada, el tipo de cambio influye el costo del capital y su composición tecnológica. Llamando qf a la proporción de capital fijo que se importa:[8]

        (6)   K = qfK + (1 - qf)K, siendo 0 < qf < 1   

        (7)   qf/q < 0

Por lo explicado antes, qf influye en la tasa de desarrollo tecnológico:

(8)      l = l(qf)

La influencia del tipo de cambio real, q, sobre las tasas de ganancia de los sectores productores de bienes transables y no transables será por lo tanto compleja. En principio, y dada la modificación de los precios del output, una suba (baja) de q aumenta (baja) la tasa de ganancia de los sectores productores de bienes transables y baja (aumenta) la tasa de ganancia de los sectores productores de bienes no transables. Si designamos con peA la tasa de ganancia en bienes transables, y con peB la tasa de ganancia en no transables, y desde el punto de vista del output, tenemos:

         (9)   peA /q > 0; peB /q < 0

De todas maneras q ejerce un efecto sobre el volumen y costo de la importación de equipos, y en este respecto su suba juega un rol negativo sobre la tasa de ganancia de largo plazo para las empresas que dependen inevitablemente de la importación de tecnología. Esto implica la posibilidad de desfases temporales importantes y de efectos de retardo sobre la evolución de la tasa de ganancia, en la medida en que los equipos se desgastan y hace falta reponerlos, o es necesario avanzar tecnológicamente para mantener competitivas a las empresas. Esto origina comportamientos también diferentes de las pe y pe’ en los sectores. Así, por ejemplo, si se parte de una situación de alta productividad en el sector productor de bienes transables –por caso, luego de un período de renovación de equipos favorecida por un tipo de cambio cercano a la paridad de poder de compra, Eppc – la suba de q implica una alta tasa de ganancia del sector, por vía de la suba del precio del output, por el bajo costo (en términos de la moneda mundial) del capital circulante y el bajo costo histórico (con relación al tipo de cambio tendencial y competitivo, E*) del capital fijo K. Lógicamente peA’ es positivo y sube la inversión. Pero el costo de reposición de K es alto en caso de que qf sea alta y no pueda ser comprimida debido al atraso tecnológico del país. En este último caso l se frena y tenemos un efecto negativo sobre la peA de largo plazo. Esto explica que el crecimiento sustentando sobre un tipo de cambio competitivo, E*, tenga constricciones de mediano y largo plazo. A medida que continúa la producción los equipos se desgastan, se sobreutiliza capacidad y la competitividad internacional depende más y más de mantener el tipo de cambio E*.  

En definitiva, la tasa de ganancia de cada uno de los sectores será función del nivel salarial, de la relación capital/trabajo, de la productividad y del tipo de cambio real.

Dado que la tasa de ganancia gobierna la inversión fija en los sectores, y la inversión el crecimiento, se entiende que el crecimiento sea extremadamente desarticulado. Lo cual repercutirá en el progreso tecnológico general, lo que a su vez debilitará la tasa de ganancia y las perspectivas de inversión.

 

c) Inversión extranjera y tasa de ganancia

 

Las oscilaciones de la tasa de ganancia a su vez tendrán una influencia sobre las entradas de capitales, tanto en lo que respecta a las inversiones directas, como a inversiones de cartera ligadas a sectores productivos (acciones). A diferencia del planteo neo estructuralista, el superávit en la cuenta de capitales no depende en nuestra explicación única ni exclusivamente de la tasa de interés.[9] La tasa de interés influirá en la entrada de capitales destinados a colocaciones bancarias, con incidencia en el mercado monetario; y en menor medida en la compra de bonos de empresas. La justificación económica de este planteo es que la IDE no está regida en lo fundamental por la tasa de interés, sino por las perspectivas de ganancia empresaria (en la cual r juega un rol subordinado, como veremos luego con más detalle). Algo similar ocurre con las inversiones en acciones. La inversión en bonos empresarios está determinada por la tasa de rendimiento de estos bonos, que a su vez está ligada a la rentabilidad esperada de la empresa, y el riesgo asociado a su desempeño.

Por lo explicado en el punto anterior, la tasa de rentabilidad de la IDE estará afectada profundamente por las variaciones de q; la IDE y la inversión de cartera en empresas están condicionadas a las perspectivas que ven los empresarios e inversores en general de ganancias y estabilidad del tipo de cambio, por lo menos en el mediano plazo. Las valoraciones del capital invertido pueden sufrir bruscas oscilaciones con las modificaciones del tipo de cambio, así como por las posibilidades de transformar valor generado en el espacio nacional en valor mundial; esto es, en el valor transferido vía remesa de utilidades y amortizaciones de capital invertido. Eppc mejora las condiciones en que la plusvalía se transforma en valor mundial. La remesa de utilidades, a su vez, pone presión sobre la balanza de cuenta corriente, y sobre las reservas, si no está compensada por la entrada de capitales. Lo que agrava la restricción externa de la economía.[10] Por otra parte E* empeora las condiciones de transferencia de plusvalor, pero alivia la restricción externa, al permitir la obtención de divisas para efectuar esa transferencia. Esta contradicción es inherente a la inserción de una economía subdesarrollada en el mercado mundial. 

 

d) Crecimiento distorsionado, pautado por crisis

 

En las economías capitalistas avanzadas, y a pesar de que siempre hay avances más rápidos en algunos sectores que en otros, se puede considerar que globalmente existe un impulso a un progreso uniforme de todos los sectores. Esta característica está destacada en los esquemas de reproducción de Marx, en los modelos de von Neumann, Leontief, o en Harrod. Sin embargo en nuestra economía subdesarrollada el desarrollo es extremadamente desigual y se combinan e inter actúan entre sí sectores con ritmos de crecimiento muy distintos. Este crecimiento distorsionado obedece en lo esencial a la forma en que se inserta la economía dependiente en el mercado mundial y a las tasas de ganancia diferenciales que afectan a los sectores de bienes transables y no transables, según se resuelva esa inserción. Por eso no tomamos en cuenta la diferencia clásica –de Marx- entre sector productor de bienes de producción y sector productor de bienes de consumo, sino la diferencia entre producción de BT y BNT, y la incidencia de la tecnología y equipos importados en estos sectores. La economía de nuestro país subdesarrollado tiene empresas en los dos sectores I y II planteados por Marx, pero lo importante es cómo se insertan empresas de ambos sectores en el espacio mundial. A su vez, tasas de ganancia diferentes entre los sectores de producción de bienes transables y no transables dan lugar a desarrollos desarticulados y desproporcionados de los sectores. Por eso aun en períodos en que la economía está en auge, con crecimiento del ingreso y la inversión, ramas enteras de la economía (ligadas ora al sector de BT, ora a BNT) pueden estar languideciendo o incluso en crisis. Esto es, cuando se sale de una recesión alguno de los sectores puede experimentar un fuerte aumento de la demanda, que satisface subiendo la ratio de utilización (en tanto el otro sector no se recupera; o lo hace más lentamente). A medida que avanza la recuperación y se llega a la plena utilización de la capacidad, se impone aumentar la capacidad, esto es, invertir en equipos durables y  posiblemente en nuevas plantas. Pero dadas las incertidumbres acerca de la permanencia de los precios relativos, los costos de importar tecnología (si predomina E*) y las perspectivas generales de la economía (que incluyen l), o las restricciones crecientes que se advierten en la balanza de pagos (si predomina Eppc), las inversiones de largo aliento pueden postergarse o no realizarse.

Destaquemos que al contrario de lo que plantea el enfoque post keynesiano de crecimiento de Thirwall, donde la tasa de crecimiento del país subdesarrollado depende exclusivamente de la elasticidad ingreso de las exportaciones, y el tipo de cambio real es neutro en el largo plazo, en nuestro planteo el tipo de cambio ejerce una influencia dominante, ya que expresa las condiciones de inserción de la economía subdesarrollada (baja tecnología) en la economía mundial. En otras palabras, el problema no es sólo ni principalmente de demanda, sino de tasas de inversión productiva –y en especial en desarrollo tecnológico- por parte del capital del país atrasado; y de un desarrollo desigual y combinado, muy diferente del desarrollo “proporcionado” que se refleja en los esquemas de reproducción de Marx.[11] Este desarrollo distorsionado afecta a la productividad de conjunto de la economía.

 

e) Consumo y ahorro

 

La alta participación de los beneficios en el ingreso explica además por qué el segundo factor dinámico en el ciclo económico es el consumo en bienes durables – incluida la construcción residencial- de la clase capitalista y de los sectores medios altos. Dado que este tipo de consumo es postergable - no hay necesidad de cambiar el coche o de casa todos los años- y dado que el ingreso está altamente concentrado, la decisión de consumo de estos sectores tiene una fuerte incidencia en el ciclo. O sea, a diferencia de una economía desarrollada “normal”, donde se puede considerar al consumo simplemente una función del ingreso (y principalmente de los salarios), el consumo de los sectores pudientes, que tiene una gran incidencia en el mercado interno, será función de las rentas capitalista, R, consideradas en un sentido amplio;[12] y de las variaciones del stock de ahorro, S. Si llamamos Cc el consumo de la clase capitalista, tenemos: 

                       (10)        Cc = Cc(R; S) siendo Cc/R > 0; Cc/S < 0

En cuanto a su composición, Cc se divide en bienes de consumo no transables (NT) y bienes transables (T) nacionales y extranjeros; si establecemos que qc indica la proporción de bienes de consumo transables extranjeros, con respecto al total de bienes de bienes transables consumidos, tenemos:

                   (11)       Cc = NT +  qcT + (1 - qc)T; siendo 0 < q c<1

A su vez qc es función inversa del tipo de cambio real, q:

                   (12)       qc = qc(q); dqc/dq < 0

El consumo de la clase capitalista tiene así una fuerte incidencia sobre el ciclo; y el consumo capitalista de bienes importados depende del tipo de cambio real. En períodos de tipo de cambio a nivel Eppc, o cercano, este consumo capitalista ejercerá una gran influencia sobre la balanza comercial, y más en general sobre la cuenta corriente (por ejemplo, salidas por turismo).

Con respecto al ahorro, éste es plusvalía y está en manos de los capitalistas. Además el ahorro no es un mero “flujo” que invariablemente desemboca en la inversión (teoría neoclásica de los fondos prestables, planteo de los “manuales”), sino puede estar compuesto de atesoramiento, sea en la forma de moneda local, o en forma de activos financieros extranjeros, AF* (incluyendo moneda extranjera). Si el ahorro va a la compra de activos financieros locales, aumenta la inversión. Pero si el ahorro se congela en forma de moneda local, o va a AF*, la inversión baja. Subrayamos que desde el punto de vista macroeconómico lo que importa es la existencia de liquidez en forma de stock que no es lanzada al circuito productivo. Es ésta una visión bastante distinta de la que se presenta por lo general en los textos convencionales, donde el aumento de la demanda de dinero invariablemente se considera como un aumento de los encajes monetarios en manos del público, que lleva al aumento de la tasa de interés (si no se modifica la oferta monetaria, que se considera exógena). Es que en los sistemas monetarios modernos el aumento de las tenencias monetarias por parte del público representa aumento de los depósitos; por lo tanto implica aumento de las reservas excedentes de los bancos y mayor capacidad prestable de éstos. En condiciones normales de ciclo económico por lo tanto un aumento de los encajes monetarios –para seguir con el ejemplo de “manual”, supongamos que debido a una baja de la tasa de interés y una venta de bonos por parte de tenedores- puede traducirse en un incremento del crédito bancario. Las empresas bajan la proporción de financiamiento con bonos y suben la proporción de financiamiento bancario. La situación desde el punto de vista macroeconómico no presenta cambios sustanciales. En cambio si el aumento de los encajes monetarios por parte del público es acompañado por un aumento de la preferencia por la liquidez de los bancos –ante incertidumbre restringen el crédito y aumentan los coeficientes de liquidez- tenemos entonces un fenómeno de atesoramiento, con repercusiones negativas sobre la demanda agregada. Este corrimiento hacia la liquidez en los países subdesarrollados va acompañado de un crecimiento del atesoramiento en AF* por parte de bancos, empresas y la clase alta y las capas medias de la población.

Dejamos apuntado también que la idea de considerar al ahorro como stock plantea por otra parte importantes problemas que por lo general también son despreciados en la teoría usual, relacionados con la valoración del ahorro, ya que se trata de activos financieros. En nuestro planteo consideramos al ahorro medido a valores de mercado, no a costo histórico (o sea, al precio de compra del activo). La justificación económica es que el propietario del ahorro valora sus tenencias –y toma decisiones- teniendo en cuenta el valor actual de las mismas. Esto implica, como aclara Pollin (2002), que el ahorro variará con las variaciones de los precios de los activos, y que no podrá considerarse –como hacen los “manuales”- como un residuo del ingreso una vez efectuado el consumo. Por otra parte, el considerar al ahorro como stock tiene la consecuencia de que las decisiones de des- ahorrar (por ejemplo para aumentar consumo postergado de bienes durables), o ahorrar ejercen una fuerte influencia en las variaciones del consumo y la inversión, y por lo tanto del ingreso.[13] Debido a que buena parte del ahorro se efectúa en AF*, las decisiones de aumentar el ahorro en contextos de incertidumbre ejercen una nueva constricción sobre la balanza de pagos. Dada por otra parte la incidencia de los cambios de q –y de las crisis- sobre los precios de los activos financieros, se comprenderá que las variaciones del ahorro pueden tener efectos amplificados sobre la economía en general. Por último, tanto el peso del consumo capitalista, como del ahorro en activos financieros, actúan en detrimento de la inversión productiva, debilitando l y aumentando las distorsiones del crecimiento.

 

f) Tasa de interés y sector financiero

 

Aunque no podemos desarrollar en este breve espacio la justificación económica, señalamos que a diferencia de los modelos convencionales, donde la tasa de interés se hace depender de las curvas de oferta y demanda monetaria, siendo la primera exógena, aquí se considera que la tasa de interés depende en lo esencial del ciclo capitalista, esto es, de la plasticidad con que se estén haciendo los negocios y la facilidad que tengan entonces los bancos para renovar los créditos a las empresas. La política monetaria puede incidir sobre esta situación, pero no puede alterarla de fondo. Por ejemplo inyecciones de liquidez y/o bajas de la tasa de descuento del Banco Central pueden aliviar la situación en la plaza monetaria. Sin embargo para las empresas lo decisivo son los spreads por sobre la tasa de referencia que deben pagar para hacerse de fondos. Si no hay confianza en la capacidad de repago de las empresas esos spreads suben.[14] Esto sucede cuando los bancos, y los prestamistas en general, comienzan a advertir que el repago de las empresas se hace más lento. En la base del asunto están las crecientes dificultades para que siga operando con facilidad la metamorfosis del capital mercancía en dinero, y con ello la renovación del ciclo del capital. 

Por lo tanto consideramos que r es función de la velocidad de rotación del capital j, y de la tasa de referencia del Banco Central, rBC, que tomamos como expresión de la política monetaria. En símbolos:

            (13)  r = r (j; rBC) siendo  r/j < 0; r/ rBC > 0

La tasa de referencia a su vez se correlaciona positivamente con la demanda de reservas en poder del Banco Central. Una presión sobre las reservas lleva a un aumento de la tasa de referencia, y por lo tanto de r.

En cuanto a la incidencia del crédito sobre la inversión, y a diferencia de los planteos usuales, suponemos que no es decisiva en lo que respecta a If. La inversión en equipos y plantas de las empresas se realiza con el flujo de caja propio y parcialmente recurriendo a los mercados de capitales. En cambio el crédito bancario –y en general el mercado monetario- juega un rol importante en Ic así como en Cc (bienes durables como automóvil y construcción residencial). Además este crédito bancario cobra importancia creciente a medida que se avanza en un ciclo alcista (a la salida de una depresión las empresas se financian fácilmente con su flujo de caja; el consumo capitalista con desatesoramiento). 

Por lo tanto cuando progresa la fase alcista del ciclo el crédito ayuda a su impulso y lo amplifica; crecen los agregados monetarios y los sectores que experimentan crecimiento renuevan y amplían su capital de trabajo. La rotación del capital es fluida, j es alta, la tasa de referencia es baja y r también es baja.[15]

Debido a la naturaleza del capital circulante la deuda de las empresas con los bancos es esencialmente de corto plazo. En el auge el crédito ayuda a las empresas a continuar con la producción. Pero los stocks de mercancías sin vender empiezan a aumentar; crece la ratio deuda/capital propio, y en especial el peso de la deuda de corto plazo. Si el aumento de la desconfianza lleva a aumentar el ahorro en AF*, habrá alza de rBC elevando aún más r. Este aumento de r ejerce entonces una punción negativa sobre la tasa de ganancia empresaria, ya de por sí debilitadas. pe y pe caen (los balances que ingresan en la Bolsa lo evidencian) se frena la inversión en equipos; el clima de negocios empeora, la tasa de interés sigue subiendo, el consumo en bienes durables se contrae rápidamente; si la situación empeora también baja la inversión de largo plazo.

Progresivamente se pasa así a una situación especulativa y luego a una situación Ponzi, para utilizar la terminología de Minsky.[16] Ante la incertidumbre aumenta la preferencia por la liquidez en el sentido que lo planteaba Keynes; se trata también del fenómeno de “atesoramiento” del que habla Marx, y a partir del cual desarrolla su crítica a la ley de Say. Sube entonces la demanda de dinero con motivos precautorios y/o especulativos;[17] en la economía subdesarrollada esta corrida hacia la liquidez se manifiesta en el aumento de la demanda de divisas. La preferencia por la liquidez puede estar sobredeterminada por la incertidumbre que generan en los inversores la acumulación de déficits fiscales, en cuenta corriente, y el crecimiento de la deuda nominada en moneda extranjera. Están dadas entonces las condiciones para que se desarrolle una crisis cambiaria y financiera en el sentido Minsky. Esto es, en el marco del endeudamiento creciente los prestamistas desconfían del apalancamiento creciente de las empresas, los bancos se hacen adversos al riesgo y disminuyen drásticamente sus préstamos, afectando los ingresos y la demanda agregada, y suben las tasas. Las empresas venden activos y se hunden los precios de los títulos financieros, aumentando el peso de las deudas.[18]

Pero a diferencia de las explicaciones Minsky, en nuestro desarrollo lo financiero no es el origen de la crisis, sino el medio por el cual se amplifica.[19] Obsérvese que si el Banco Central no responde a la creciente demanda de divisas aumentando la tasa de interés r, o bien las reservas bajan aún más rápidamente, o bien el tipo de cambio sigue subiendo, conduciendo de todas maneras a la crisis. Por otra parte lo financiero también amplifica y actúa como cadena de transmisión de las crisis en el plano internacional (ver infra).  

 

g) La restricción externa

 

Planteamos, por último, las habituales identidades macroeconómicas incorporando la hipótesis que existe deuda externa y se remiten utilidades al exterior  

  (14)   (Sf + Sp) – (I + G) = PX – EP*M – (r* + prima) EDx – EB* = Kx – Km[20]

Siendo Sf: ahorro fiscal; Sp: ahorro privado; I: inversión; G: gasto público; r*: tasa de interés de referencia internacional; E: tipo de cambio; Dx: deuda externa B*: utilidades que se remesan al exterior; Kx: salida de capitales y Km: entrada de capitales.

 

Articulación entre los factores “internos” y “externos”

 

En buena parte de la literatura coexisten dos ópticas casi diametralmente opuestas sobre la relación entre los causales internos o externos de las crisis. Por un lado, están aquellos que atribuyen la crisis a problemas de las economías nacionales, en especial a malos gobiernos o vulnerabilidades financieras. Por otra parte encontramos a quienes consideran que muchas crisis se explican casi exclusivamente por factores externos, en particular por los desequilibrios de los mercados financieros globalizados.

En el enfoque que adoptamos en este trabajo, las crisis se explican a partir de las contradicciones específicas de esas economías y la forma en que las mismas se relacionan con la totalidad que constituye el mercado mundial. Esas contradicciones (que anclan en las cuestiones de productividad) determinan cómo y por qué algunas economías sufrirán de pleno las ondas expansivas desatadas por crisis en otros lugares del planeta. A su vez estas nuevas crisis repercutirán en otras economías, en mayor o menor grado, según su situación. Por caso, todo parece indicar que, como lo plantean Calvo y Talvi (2005), que la crisis que sacudió a los mercados financieros internacionales luego del default ruso tuvo un rol determinante en la reversión de los flujos de capitales de los principales países de América latina, en las caídas de estas economías y la crisis financiera de Argentina. Pero en esta explicación los factores internos apenas tienen un rol; en todo caso son meros amplificadores del movimiento externo. Así, Calvo y Talvi afirman que Chile sufrió un shock macroeconómico, a pesar de que sus variables fundamentales (al contrario de lo que sucedía en Argentina) estaban sanas en lo esencial. Sin embargo no se entiende por qué Chile sufre ese shock, y no lo hacen las economías desarrolladas.[21] Insistimos en que hay que abordar la cuestión teniendo en cuenta la relación estructural –la producción de valor y su realización en mercado mundial- que vincula los espacios nacionales con la totalidad el mercado mundial. Es a través de esa relación que opera el sistema financiero internacional.   

Cabe decir, además, que la diferencia entre “lo interno” y lo “externo” es, hasta cierto punto, arbitraria, porque no hay una crisis que sea propiamente “externa” al capitalismo mundial; toda crisis se difunde de manera endógena al organismo, si bien puede no afectarlo en su totalidad. Por ejemplo, la crisis mundial de sobreproducción (de los noventa) en los mercados de electrónicos, no fue, en el sentido propio de término, “externa” a las economías de los países asiáticos, en la medida en que esos países constituyen una parte integral de ese mercado y contribuyeron activamente a que se arribara a la sobreproducción.     

 

Dinámicas que conducen a crisis cambiarias y financieras

 

A partir de lo anterior desarrollamos varios escenarios alternativos.

 

a) Tipo de cambio competitivo, E*

 

En lo que sigue, y por lo explicado antes, distinguimos el sector productor de bienes transables, A, y el sector productor de bienes no transables, B. Los subíndices A y B entonces se refieren respectivamente a estos sectores.

Con tipo de cambio real alto, peA y peA’ son elevadas, dado el cambio relativo de los precios del output; y suponiendo que no existen necesidades inmediatas de importar K. Lógicamente gYA también es elevada; IcA se eleva rápidamente en la primera fase del ciclo alcista por (1), y luego lo hace IfA por (3), en tanto se mantengan las perspectivas de ganancia y E*, aunque qfA se mantiene baja, repercutiendo negativamente en el desarrollo tecnológico l.

En el sector B peB y gYB son bajas y por lo tanto es débil la inversión en el sector de conjunto; qfB se mantiene incluso más baja que en el sector A.

Por otra parte Cc no pone presión sobre la balanza comercial, por (11) y (12), y la tasa de financiamiento se mantiene baja para las empresas del sector A, y parcialmente para el sector B en tanto la tasa de referencia es baja. Dadas las diferencias entre gYA y gYB, el crecimiento es distorsionado y esta distorsión también afecta l.

Veamos dos escenario de crecimiento con E*.

El primer escenario es el de suba paulatina de los precios de los bienes no transables, en la medida en que aumenta la absorción interna. Si el movimiento obrero tiene capacidad de resistencia (por ejemplo en el marco de una baja tasa de desocupación) también suben los salarios. La suba de los precios de los no transables recompone peB en tanto la suba de los salarios reduce la p general, por (5). La moneda en términos reales se aprecia, ejerciendo presión sobre las ganancias de los productores de bienes transables, y la dinámica de las exportaciones. Si la situación se prolonga pueden aparecer déficits en la balanza comercial. Una forma de aliviar la constricción externa es tomando deuda en los mercados internacionales. El crecimiento de la deuda externa es un producto de la debilidad relativa de la economía, no su causa.

De todas maneras la forma de recuperar la capacidad de captación de divisas “genuinas” es mejorando la balanza comercial. Dado el atraso tecnológico, la salida es intentar nuevas devaluaciones que conducen a nuevas alzas de precios internos y salarios. Se desemboca así en una dinámica inflacionaria, que empeora las perspectivas generales de la economía. La inestabilidad de los precios relativos afecta las evoluciones de peA y peB, aumenta la incertidumbre del capital y debilita por lo tanto la inversión de largo plazo - ecuaciones (3) y (4). La importación de tecnología es baja, y la competitividad de las exportaciones se logra con salarios permanentemente devaluados en términos de la moneda mundial – ecuaciones (6) a (8). Cada salto en la depreciación de la moneda impulsa la inflación, y ésta a su vez obliga a nuevas devaluaciones.[22]

Comienza entonces a crecer la demanda de divisas en tanto se prevén nuevas y cada vez más rápidas devaluaciones. Aumenta el ahorro en AF*, debilitando más la inversión. Si el Banco Central responde a la pérdida de reservas con la suba de rBC aumenta la presión financiera de las empresas y crece el incentivo para colocar ahorros en AF. El ahorro deja de fluir por lo tanto a la inversión, ya que se divide en AF* y AF (estas colocaciones a una tasa de interés creciente). Los activos de los bancos se componen de forma creciente de AF estatales, que rinden altos intereses, y no de préstamos al sector privado. Las devaluaciones aumentan el peso de la deuda tomada en moneda extranjera, poniendo más presión en el sector externo.

Por otra parte si la lucha de clases obliga a conceder repetidos aumentos salariales que recuperan parte del terreno perdido en cada “ronda”, la espiral inflacionaria se agudiza. La misma se convierte en el reflejo monetario de la agudización de la lucha de clases por la resistencia de los obreros a la desvalorización de su fuerza de trabajo. El aumento de precios adquiere una velocidad inercial (los precios aumentan en el período t + 1 porque aumentaron en el período t) y la economía se indexa. A diferencia de los que plantean los modelos neoclásicos “de manual”, que la inflación favorece la inversión porque la tasa de interés real se hace negativa, en un mercado financiero indexado la inflación acelerada aumenta la tasa de interés real.[23] Esto genera –por (2)- nuevas presiones negativas sobre la tasa de ganancia empresaria

La moneda nacional progresivamente deja de actuar como medida y reserva de valor. La recaudación fiscal baja (en términos nominales y posiblemente en términos reales). El gobierno tiene dos opciones: o bien monetiza el déficit, lo que lleva a más presión inflacionaria y por ende a mayor presión sobre el mercado cambiario, intensificando las devaluaciones crónicas. O bien busca colocar deuda a tasas crecientes, que son aprovechadas por capitales altamente especulativos, de corto plazo. Para garantizar la entrada de estos capitales el gobierno puede intentar diversos mecanismos financieros que actúan como seguros de cambio; por ejemplo, el Banco Central garantiza operaciones swaps para capitales externos de corto plazo. En cualquier caso, la tasa de interés interna debe ser superior a la tasa internacional; es la única forma de que Tesorería puede colocar bonos. Esto refuerza la necesidad de indexar la tasa de interés.

La tasa de interés cada vez más alta acentúa la caída de la inversión y del consumo. La contracción de la demanda y la recesión afectan al sistema bancario. Para no dejar caer a los bancos el Banco Central inyecta liquidez e interviene devolviendo depósitos a los ahorristas cuando los bancos caen en la insolvencia (no pueden recuperar los créditos debido a la crisis general) y deben ser liquidados. La base monetaria crece, sin que aumenten los agregados monetarios (M2 y M3 pueden estancarse o incluso decrecer) ni los créditos; la economía se “desmonetiza” a la par que se inyectan enormes sumas de dinero. La liquidación de bancos impulsa la concentración en el sector financiero; la crisis genera concentración del capital en el aparato productivo y comercial.

En una situación de pérdida constante y creciente del valor de la moneda, la ley del valor sencillamente no puede funcionar. No hay forma de comparar los tiempos de trabajo en el mercado. La situación desemboca hiperinflación; la economía prácticamente se detiene. La crisis financiera se generaliza, en tanto la crisis cambiaria se ha hecho “crónica”, en el sentido que no existe un “salto” del valor de la moneda, sino un movimiento de su valor en espiral descendente.

 

Un segundo escenario posible con tipo de cambio competitivo es el de contención de las presiones inflacionarias –puede explicarse por la recesión y alta desocupación- de manera que se mantiene alta la rentabilidad de los sectores transables y baja la de sectores no transables. En tanto estos últimos provean infraestructura esencial para el funcionamiento de la economía de conjunto, la competitividad del sector transable tenderá a deteriorarse progresivamente en la medida en que no crezca la IfB. Lo mismo sucederá en tanto E* afecte la importación de tecnología para el sector A.

Por lo tanto ahora la constricción a mediano plazo para el desarrollo aparece por el lado de l. La inversión en la producción de insumos esenciales se hace más lenta, o cae, y se generan cuellos de botella que pesan de manera creciente a medida que progresa el ciclo. Por otra parte, si la falta de inversiones en sectores productores de bienes intermedios básicos no transables termina llevando al aumento de los precios, se producirá ahora una mejora de la rentabilidad de estos sectores, a costa de una apreciación en términos reales de la moneda. El capital puede intentar responder a esta situación aumentando la precarización del trabajo y los ritmos de producción, y modernizando parcialmente la tecnología en los sectores que estén más favorecidos por las exportaciones. Las tensiones entre los sectores del capital por mantener la rentabilidad media (por lo menos) intentan resolverse invariablemente con el aumento de la tasa de plusvalía.

El resultado es entonces la consolidación de una alta tasa de explotación del trabajo. Es la base para un p alto. Se produce así, de hecho, el “ajuste basado en el crecimiento exportador” al que se han referido los neo-estructuralistas.[24] En lo esencial se reduce a aumentar la tasa de ahorro interno, a fin de aumentar la proporción de exportaciones/ingreso. Lo cual sólo es posible “a través del mecanismo de ahorro forzoso inducido por una sustancial redistribución regresiva del ingreso”.[25] El ahorro aumenta porque aumenta la extracción de plusvalía; esto exige que los salarios crezcan a un ritmo inferior al de la productividad.[26] La transferencia de recursos al exterior se efectúa en términos “reales”. El crecimiento se sostiene a costa de un deterioro permanente de los términos de intercambio, salarios bajos en términos de moneda internacional. Las inversiones son parciales y el crecimiento sigue caracterizándose por la falta de integración entre los sectores. Pero el estrangulamiento se hace sentir a través del creciente retraso tecnológico con respecto a los niveles internacionales; la pérdida de competitividad finalmente se traduce en déficit en la balanza de cuenta corriente –esencialmente por pérdida de dinamismo de las exportaciones- que lleva a la fragilidad financiera y la crisis. En un contexto internacional de competencia por medio del cambio tecnológico, la competitividad sostenida exclusivamente en bajos salarios encuentra techos insalvables.

 

b) Tipo de cambio EPPC (o cercano)

 

Supongamos ahora el escenario de tipo de cambio fijo, con el que se busca anclar la inflación. La perspectiva puede ser ya no sólo de un descenso del ritmo de crecimiento del tipo de cambio E, sino un tipo de cambio esperado, E(e), menor.

peB aumenta y por lo tanto gyB también sube; lo inverso sucede en el sector de transables donde sólo las empresas de mayor tecnología –que ahora pueden importar equipos en mejores condiciones- o sectores que conserven ventajas naturales con respecto a otros competidores externos pueden sobrevivir. Dada la estabilización, sectores que habían ahorrado en AF* los vuelcan al mercado interno –ecuación (10); aumenta Cc con lo que se impulsa una fase alcista del ciclo. Aumenta la construcción residencial y la producción de bienes duraderos. Es un ciclo impulsado en buena medida por el consumo, la Ic y la If principalmente en equipos de amortización a mediano plazo, y muy desigual entre los sectores. Por eso l no se eleva significativamente.

Además, en la medida en que la fijación de E se realiza luego de un proceso inflacionario, se produce un aumento inercial de los precios internos que deja el tipo de cambio real apreciado; se establece Eppc. Esto agrava la presión competitiva sobre el sector de bienes transables. Los sectores que pueden sobrevivir renuevan la tecnología recurriendo principalmente a la importación. Esto explica que a pesar del crecimiento económico ramas enteras –por ejemplo productores de equipos y máquinas- trabajen con capacidad ociosa, o a pérdida y deban cerrar.

Por otra parte la entrada de capitales con destino a los sectores favorecidos por el tipo de cambio agrava el desequilibrio y genera problemas de transferencias de utilidades a largo plazo. La contrapartida de este superávit en la cuenta de capitales es el creciente déficit en la cuenta corriente. Dada la debilidad de amplios sectores y las distorsiones en el crecimiento, la inversión en plantas e infraestructura productiva, o en investigación y desarrollo de largo plazo no es suficiente para cambiar cualitativamente el nivel tecnológico (esto es, para poner al país en el sendero de alcanzar los niveles de productividad de los países desarrollados). La productividad crece, pero a costa de crecientes desequilibrios en el sector externo, que termina actuando como una constricción fundamental.

El desequilibrio externo se agudiza por el aumento del consumo en bienes importados, por (11) y (12).

Las tasas de interés se mantienen más altas que las internacionales; es una consecuencia de la inestabilidad histórica del país subdesarrollado y de las debilidades estructurales de su economía. A igualdad de rendimientos ningún capital dinerario opta por el país atrasado frente a la seguridad que brindan los países desarrollados. Dadas las perspectivas de tipo de cambio estable durante un período previsible, aumentan los flujos de capitales líquidos para colocarse entonces en tasas superiores a las internacionales. La inestabilidad estructural de la economía también induce al sistema bancario a mantener mayor encaje líquido que en los países adelantados, y a establecer mayores spreads, a fin de protegerse frente a posibles descalces entre sus activos y pasivos. Todo esto puede ir acompañado de maniobras y colusiones de tipo monopólico de los diversos sectores, incluido el financiero, para asegurar una rentabilidad alta. Pero por encima de estas maniobras –que realiza todo capital, sea productivo o mercantil, cuando tiene oportunidad- lo que prima es una lógica financiera propia del país subdesarrollado.

En cuanto a las empresas grandes, con acceso al crédito internacional, crece la tentación de endeudarse en dólares si prevén un horizonte de estabilidad cambiaria a mediano plazo y de mercado interno más o menos cautivo o protegido. En todo caso, tendrán que endeudarse si quieren renovarse tecnológicamente. El acceso al crédito internacional les otorga una ventaja con relación a las empresas más pequeñas, lo que potencia la centralización del capital.

A medida que continúa el crecimiento con Eppc la balanza de cuenta corriente es cada vez más deficitaria. Es financiada por la entrada de capitales, sea por inversión directa (en especial en el período posterior al arranque del ciclo alcista), de cartera y préstamos bancarios. Pero por otra parte la debilidad estructural de la recuperación económica explica que continúe un “goteo” de fuga de capital nativo. Paulatinamente también cobra importancia la remesa de utilidades de las empresas que han invertido con vistas a la producción en el sector no transables. El tipo de cambio permite realizar esa transferencia en condiciones óptimas, ya que el equivalente valor del espacio nacional está sobrevaluado con respecto al espacio mundial y las condiciones estructurales de la economía.

A su vez la revalorización de la moneda lleva a que los salarios se revaloricen también en términos de la moneda internacional. En estas condiciones la clase dominante intentará aumentar la tasa de ganancia vía intensificación de los ritmos de producción, caída de los beneficios sociales, precarización de las condiciones laborales y baja nominal del salario –por (5). El resultado de estos intentos dependerá en última instancia de la capacidad de resistencia del movimiento obrero.

Paulatinamente aumenta el déficit acumulado de la cuenta corriente y el peso de la deuda externa se hace sentir sobre las cuentas fiscales y la balanza de pagos. El déficit externo es una restricción insalvable. El déficit de la cuenta corriente exige ser corregido; en última instancia es un reflejo de que la inserción de la economía en el mercado mundial no ha sido exitosa, a pesar de la renovación parcial de equipos e infraestructura que han permitido la mejora de los términos de intercambio y la entrada de capitales. Un camino para mejorar la competitividad sin  tocar el tipo de cambio nominal es la deflación. Pero la deflación no sólo es dificultosa por lo que implica con relación a la lucha de clases, sino también porque la espiral deflacionaria lleva a la preferencia por mantenerse líquido; esto es, induce a postergar las inversiones y el consumo de bienes durables, a la espera que la caída de precios toque fondo. Además aumenta el peso de las deudas.[27]

En estas condiciones la economía es pasible de sufrir profundamente cualquier shock externo. Por ejemplo, la suba de las tasas de interés en los países centrales; o la devaluación de la moneda de un socio comercial importante puede desatar un terremoto interno. A diferencia de los modelos neoclásicos, este shock no actúa sobre una economía en estado de “equilibrios múltiples”, sino profundamente desequilibrada y atravesada por contradicciones sociales.[28]

En la medida en que la situación externa empeora se incrementa la desconfianza en la evolución de la economía. Primero los inversores –en especial los managers de carteras- comienzan a exigir tasas cada vez más altas para mantener sus colocaciones en moneda local, en activos de empresas locales, o en títulos públicos. La suba de las tasas se acompaña de la caída de los precios en la bolsa de valores. El flujo de entrada de capitales se detiene y/o revierte. En este contexto la alta y mediana burguesía posterga el consumo, lo que influye rápidamente en el ingreso. El ahorro de estos sectores aumenta y se vuelca a AF*. La caída de la demanda interna afecta al sector productor de BNT; gyB y peB’ caen rápidamente, bajando por lo tanto Ic e If  en el sector. Dado que los BNT eran principales impulsores del ciclo, el mismo se revierte rápidamente. Los bancos restringen el crédito y suben las tasas. Ahora las empresas contraen deudas para financiar los stocks crecientes de mercancías sin vender, y lo hacen a tasas crecientes. La suba de la tasa de interés se generaliza; suben los spreads entre tasas activas y pasivas domésticas y los spreads entre las tasas de referencia internacionales y las que se cobran en el mercado de dinero y de bonos. Esto agrava el peso de la deuda pública y privada y potencia la desconfianza. En la medida en que sube el déficit y aumenta el peso de las deudas se cierra el acceso al crédito internacional. El mercado accionario se hunde, contribuyendo al clima de pesimismo general. También los precios inmobiliarios retroceden, poniendo presión en el sector financiero que empieza a advertir que no recuperará muchos créditos. Se acelera la salida de capitales, incluyendo el retiro de depósitos. El gobierno intenta frenar el proceso aumentando la tasa de interés; en tanto la provisión de liquidez al sistema bancario está limitada por la necesidad de mantener el tipo de cambio fijo. Pasamos a una situación Ponzi. Los balances de los bancos se deterioran. La producción y el consumo siguen en espiral descendente. El ataque especulativo contra la moneda puede desatarse antes de que el Banco Central agote sus reservas. En este punto ocurre en parte la historia de Krugman (1979), pero no hay previsión perfecta ni mercados eficientes, sino incertidumbre y comportamientos “en manada” y salida de capitales, incluido el retiro precipitado de depósitos bancarios.[29] La devaluación finalmente se hace inevitable, en medio de una profunda y violenta contracción económica y hundimiento financiero.   

 

Hipótesis sobre crisis cambiarias y financieras con crecimiento liderado por las exportaciones

 

Dejamos planteado en este punto una hipótesis de investigación de las crisis en países donde la industria manufacturera exportadora juega un rol central como locomotora del resto de la economía, y existe un alto ratio de inversión productiva/pnb. Sin embargo la productividad es atrasada con respecto a los niveles internacionales, en particular porque la inversión en bienes no transables se mantiene débil (de nuevo, esto genera distorsiones en la economía) y repercute en la productividad global.[30] Esto es, la inversión de capital por obrero es alta, pero no se achica de manera significativa la brecha tecnológica con los países. 

De acuerdo a la secuencia que plantea Palma (2000) para las crisis asiáticas podemos plantear entonces el siguiente escenario: entrada masiva de capitales, lo que provoca una explosión de crédito al sector privado, con bajas tasas de interés; el crédito a su vez se utiliza para mantener altos niveles de inversión, en una situación de rentabilidad en baja; esto en el contexto de rápido cambio tecnológico, donde sobrevivirían las empresas con tecnología más avanzada; y con los precios de los productos de exportación vitales para las industrias de estos países en baja. Esta situación termina produciendo altas ratios de deuda empresaria/capital. Aquí no existe, previo al estallido de la crisis, una revaluación particular de las monedas,[31] ni hay boom de consumo alimentado por el crédito. Pero desde el punto de vista del desarrollo de largo plazo, y como también señala Palma, se puede observar que estos países estaban llegando a un estadio en sus procesos de desarrollo donde cada vez se hacía más dificultoso una mayor elevación hacia productos de mayor valor agregado de las exportaciones (para esto se necesita dar un salto tecnológico cualitativo, véase nota 29), al tiempo que China se estaba convirtiendo en un competidor formidable.

¿Cómo se puede explicar esta dinámica hacia la crisis desde el punto de la teoría del valor trabajo? Obsérvese que, en apariencia, hay aquí un comportamiento “irracional” de los capitalistas, ya que los empresarios siguen pidiendo préstamos en un contexto de presiones bajistas de precios en los mercados internacionales, y los bancos siguen otorgando los préstamos hasta que la situación estalla. De ahí las variaciones teóricas neoclásicas sobre el “riesgo moral” y similares.

Sin embargo la cuestión puede explicarse desde el punto de vista de la lógica de la acumulación y la competencia entre los capitales, a través de las guerras de precios, que se han venido desarrollando con particular intensidad en los últimos años. Desatada una guerra de precios, y a pesar de contar con capacidad ociosa, muchas veces las empresas se ven obligadas a seguir invirtiendo en tecnología si quieren tener esperanzas de sobrevivir. Con lo cual se refuerza el exceso de oferta y se renuevan las presiones bajistas de los precios. De esta manera se puede dar, durante el tiempo que precede al estallido de la burbuja, que aún con una tasa de ganancia en baja la inversión en equipos sigue aumentando. Esto, junto al aumento de inventarios, lleva a que los empresarios pidan créditos para mantener la rotación de sus capitales. No hacerlo implica admitir la derrota en la competencia y la desvalorización de los capitales involucrados; para los bancos no renovar los créditos puede significar no recuperarlos. Todo capitalista busca salvarse en la guerra desatada –aunque sabe que no todos podrán lograrlo- y de esta manera se camina hacia la sobreproducción y la sobreinversión.

En este punto cabe hacer una observación que ilustra la diferencia entre la concepción de la inversión en que basamos este escrito, y la concepción de los keynesianos de Cambridge. En la visión de estos últimos, y citando a Pasinetti, “es el capital el que tiene que adaptarse a una tasa de beneficio determinada exógenamente” [(1973) p. 171]. En la visión que planteamos el capital no puede adaptarse a ninguna tasa de beneficio “dada” porque una vez embarcados en guerras de precios, los capitalistas están obligados a continuar la inversión so pena de tener que admitir la desvalorización de los capitales ya invertidos; x - en la ecuación (3)- recoge esta incidencia, que si bien no es permanente, actúa como un acelerador de la sobreacumulación del capital. Desde este punto de vista la inversión termina afectando a la tasa de rentabilidad. La rentabilidad por su parte afecta negativamente a la inversión, debilitándola. La tasa de beneficio por lo tanto no está “dada”, como sostienen los autores de Cambridge, sino es un resultado ex post sujeto a muchas contingencias.

En la economía subdesarrollada con orientación exportadora manufacturera que nos ocupa, el aumento de la relación K/L, así como la presión bajista de los precios que deriva de la guerra competitiva, terminan por hundir la tasa de ganancia. Dado que el sector afectado por la guerra de precios es vital para la economía del país, la presión bajista –esto es, la presión para la desvalorización del capital mercancía, y de los capitales productivos- se traducirá en una presión bajista sobre el valor de la moneda. De ahí el impulso a la devaluación.[32] Si a su vez el auge fue impulsado con endeudamiento externo, esta presión puede hacerse más concreta en la medida en que los prestamistas no renuevan los créditos. El rápido crecimiento del déficit de cuenta corriente –reflejo de la saturación de los mercados de exportación del país en cuestión- establece un marco apto para el estallido de la crisis financiera. Una vez estallada la crisis en algún país, el efecto contagio se hará sentir en otros países con industrias esenciales afectadas por la sobreproducción. Sobre esta base se desarrollan entonces las crisis, potenciadas por los desplomes del sector financiero y las devaluaciones. De nuevo se aplica ahora la secuencia descrita en la crisis Minsky –insistimos, con conexión con la producción- agravada por la salida abrupta de capitales.

 

A modo de conclusión

 

En este trabajo hemos analizado los escenarios de crisis cambiarias, desarrollando la idea sobre los límites estructurales del tipo de cambio en los países subdesarrollados, inspirados en lo esencial en la crisis argentina. Nuestra historia tiene algunos puntos de contacto con el enfoque neo estructuralista y el planteo Minsky, pero a diferencia de éstos se ubica en el cuadro teórico de la ley del valor trabajo, la producción de plusvalía y la importancia de las variaciones de las tasas de ganancia entre sectores para el comportamiento del tipo de cambio.

Destacamos que la dinámica repetida de estas crisis potencia el atraso tecnológico relativo. En  primer lugar, porque los cambios bruscos de la rentabilidad de los sectores debilitan las inversiones a largo plazo, fundamentales para superar el atraso. Se profundizan los desequilibrios estructurales; los diferenciales de productividad se acentúan porque ora un sector, ora el otro, sufre períodos más o menos prolongados de baja rentabilidad y por lo tanto de baja inversión y renovación tecnológica. En segundo término, porque los cambios en la situación competitiva de las exportaciones afecta a largo plazo la posibilidad de inserción en la economía mundial. En tercer lugar, porque las crisis financieras y bancarias periódicas –y los rescates a que se ve obligado el Estado- imponen elevados costos en términos del pnb, y elevan el endeudamiento público. Esta dinámica agudiza –o sea, no es la razón determinante- el desarrollo desigual que está implicado en la misma dialéctica de producción del valor en espacios nacionales diferenciados por sus niveles de productividad.   

Una conclusión, que atañe al análisis político, es que los cambios en las tasas de rentabilidad de los sectores no se deben, en principio, a cambios en lo que comúnmente se conoce como “el bloque de poder dominante”. El tema es importante porque muchos analistas interpretan ex post los cambios ocurridos en las tasas de rentabilidad entre los sectores como el resultado de políticas articuladas ex profeso desde el Estado, con vistas a favorecer a tal o cual fracción de la clase dominante. Sin negar la influencia que puedan tener los lobbies y grupos de presión en las políticas económicas, nuestra visión es mucho más “objetivista”, en el sentido que son las crisis las que plantean de hecho cambios en las tasas de rentabilidad y abren (y cierran) períodos durante los cuales algunas fracciones del capital pueden prevalecer sobre el resto. Si un determinado sector gozara durante mucho tiempo de alta rentabilidad, los capitales fluirían masivamente al mismo. Pero es la misma volatilidad de las tasas de rentabilidad y de la situación general la que pone obstáculos a este movimiento. Por otra parte los programas gubernamentales reflejan muchas veces a posteriori los cambios en la situación económica; aunque a su vez pueden acentuar una línea de desarrollo.

Por último, hemos presentado una hipótesis para abordar la explicación de crisis como las asiáticas de 1997-1998 desde el punto de vista de la ley del valor trabajo, que pone en evidencia, una vez más, el rol crucial que tiene el desarrollo tecnológico en la generación de valor desde los espacios nacionales y la competencia entre los capitales.     

 

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[1] Definimos el tipo de cambio, E, como el precio en moneda local de la moneda extranjera (lo que se llama denominación europea). Por lo tanto una suba del tipo de cambio alto significa una depreciación de la moneda local.  

[2] (2) se trata infra.

[3] En nuestro trabajo no suponemos, como hacen los post keynesianos, que las empresas trabajan sistemáticamente con capacidad ociosa; no hay por lo tanto un problema sistemático de demanda. Si se tratara de una economía desarrollada y articulada, supondríamos –como los clásicos- que la tasa de utilización real en el largo plazo coincide con la tasa normal, entendiendo por “normal” no la tasa de utilización que es factible desde el punto de vista técnico, sino aquella que implica un uso de los equipos que permite su mantenimiento y un cierto “colchón” de capacidad. 

[4] En La Nación del 14/06/05 se informaba que “el temor a que la Argentina no tenga suficiente gas en el futuro retrasa inversiones de entre 4000 y 6000 millones de dólares para los próximos cinco años en la industria petroquímica”. Los proyectos afectados incluyen plantas para la fabricación de productos como plásticos, agroquímicos, solventes, fertilizantes y lubricantes.

[5] En buena parte las razones de esta baja productividad están dadas por la misma dinámica que lleva a crisis periódicas cambiarias y financieras. 

[6] La adecuación bajista de los salarios a las exigencias de la tasa de rentabilidad puede ocurrir, bien vía procesos devaluatorios-inflacionarios, o bien vía deflacionaria-desocupación, según el régimen cambiario flotante o fijo (se desarrolla infra).

[7] Remitimos nuevamente para esta discusión a Astarita (2004).

[8] A efectos de simplificar, suponemos que la economía no necesita importar bienes de capital circulante; incluir este factor no altera los resultados generales que obtenemos.

[9] Nos referimos a Frenkel (1981), Taylor (1992) (1998) y Frenkel y González Rozada (2000). En estos trabajos se relaciona estrechamente la entrada y salidas de capitales a las evoluciones de la tasa de interés internacional. Los factores endógenos de la economía subdesarrollada tienen poca importancia. En Frenkel y González Rozada en particular se vincula nítidamente la evolución interna de la economía a la tasa de interés externa y los movimientos de capitales. Sintéticamente, se sostiene que el nivel de ingreso depende positivamente de la base monetaria y de la tasa de interés, y la inversión positivamente del ingreso y negativamente de la tasa de interés. Además, dado un sistema de cambio fijo con convertibilidad, la variación de la base monetaria es igual a la variación de las reservas. En estas condiciones, la entrada de capitales (decidida por los diferenciales de tasas de interés y las expectativas sobre tipo de cambio futuro) generan el crecimiento y el auge; la acumulación de los déficits en el sector externo sin embargo induce a una tendencia desacelerante del crecimiento, y eventualmente a la crisis.

[10] Entre 1990 y 1998 hubo una entrada neta de capitales a los países atrasados de aproximadamente 2 billones de dólares, de los cuales 700 mil fueron IDE. El envío de beneficios desde los países atrasados por parte de las empresas creció a una tasa anual de 10% entre 1988 y 1998; datos UNCTAD 1999.

[11] Lo cual no niega la existencia de contradicciones y crisis en la teoría de Marx.

[12] Dividendos, rentas inmobiliarias, financieras.

[13] Ampliamos la discusión sobre la relación entre ahorro e inversión en Astarita (2005).

[14] Si los bancos endurecen las condiciones para otorgar el crédito –lo que en la literatura se llama un “credit crunch”- también suben los spreads sobre títulos de corto plazo y la tasa a la que las empresas descuentan documentos en el mercado monetario.

[15] Con relación a los promedios históricos de la economía subdesarrollada.  En lo que atañe a la influencia del tiempo de circulación del capital sobre el mercado financiero, véase Marx (1999) t. 2 cap. 15. 

[16] En la situación especulativa las empresas están obligadas a renovar su deuda en cada período porque los flujos que entran sólo cubren los costos de los intereses que pagan. El siguiente estadio es la situación Ponzi, en la cual los flujos de ingresos de las empresas ni siquiera cubren los costos por interés, de manera que deben tomar nueva deuda para pagar los intereses.

[17] Obsérvese que en la ortodoxia neoclásica la preferencia por la liquidez prácticamente ha desaparecido. De hecho –por ejemplo en los modelos de crisis cambiarias de Calvo- el único motivo de demanda de dinero es transaccional.

[18] Sobre las crisis Minsky, nos basamos en Minsky (1982) y en la exposición de su teoría que presentan Papadimitriov y Wray (1999) y Schroeder (2002). La explicación de las crisis de Minsky puede ser fácilmente extendida a los países atrasados, donde un shock externo precipita el estallido de la crisis financiera y cambiaria, véase Schroeder (2002). 

[19] También en los modelos de los Nuevos Keynesianos el sector financiero juega como amplificador o multiplicador de la crisis. Es lo que se llama el “acelerador financiero”, desarrollado en Bernanke, Gertler y Gilchrist (1998). Un caso de aplicación del modelo del acelerador financiero a las crisis cambiarias y financieras es Gertler, Gilcrhist y Natalucci (2003). Sin embargo los Nuevos Keynesianos reconocen que sus modelos no dan cuenta de las razones del shock inicial que afecta a la economía. El sector financiero sólo acentúa sus efectos, pero no explica por qué comienza la crisis. 

[20] Si no varían las reservas internacionales.

[21] Por otra parte, tampoco una crisis de la magnitud como la que padeció Argentina puede explicarse por meras “vulnerabilidades financieras”, como hacen Calvo y Talvi.

[22] Esta cuestión es destacada por explicaciones tradicionales del estructuralismo; ejemplo Aldo Ferrer en la década de los setenta. O sea, la raíz de la inflación no es, en lo esencial, una cuestión monetaria, como sostienen los monetaristas; aunque por otra parte luego la monetización –y en grado creciente- de los déficits fiscales reactúa sobre la tasa de inflación, otorgándole, dándole mayor impulso.  

[23] Taylor (1992) p. 25-26. 

[24] Véase Frenkel y Rozenwurcel (1989).

[25] Ibíd. p. 20; énfasis añadido.

[26] Es interesante destacar que Frenkel y Rozenwurcel reconocen que si la resistencia salarial impide que actúe el mecanismo de ahorro forzoso –que está implicado en la devaluación, suba de precios y retraso de los salarios- el aumento del coeficiente de exportaciones y el correspondiente aumento de la tasa de ahorro interna exigirán la disminución de la participación de los sectores no asalariados en el ingreso. Pero éste es el sector encargado de invertir y exportar; por lo tanto una baja de sus beneficios redundaría en una baja de la inversión, lo que atentaría contra la meta del crecimiento; véase pp. 23-24. 

[27] Véase el capítulo 19 de Keynes (1986) sobre los efectos de la deflación.

[28] Así la crisis financiera internacional desatada a partir del default ruso de agosto de 1998 implicó una suba generalizada de los spreads de las tasas de interés en promedio para los siete países más importantes de América latina de 450 puntos básicos, previos a la crisis, a 1.600 puntos básicos en agosto de 1998. La entrada de capitales luego de la crisis se redujo drásticamente. De 100 mil millones de dólares en el año que terminaba en el segundo cuatrimestre de 1998, pasó a 37 mil millones de dólares en siguiente año; en términos de pnb bajó del 5,5% a 1,9%. La reversión súbita es explicada en lo esencial por la salida de inversiones de carteras. Luego siguió cayendo, al punto que en el año que terminaba en el cuarto trimestre de 2002 la entrada de capitales a los siete países más importantes de América latina fue de sólo 10 mil millones de dólares; todos los datos tomados de Calvo y Talvi (2005). Sin embargo es de notar que la salida de capitales no afectó a los países desarrollados. Y ni siquiera a todos los países atrasados; México no fue afectado por los retiros. Con lo cual se pone en cuestión la explicación de Calvo y Talvi, en el sentido que la crisis se habría debido a una salida generalizada de los capitales sin atender a “fundamentals” de ningún tipo.  

[29] Krugman (1979) constituyó la base para los llamados “modelos de primera generación” de explicaciones ortodoxas de las crisis “sudden stop”. En lo esencial el primer modelo Krugman atribuye la crisis al excesivo gasto fiscal, financiado con emisión monetaria, y tipo de cambio fijo. Ante la previsión de una futura devaluación, y superado un punto crítico de pérdida de reservas por el Banco Central, los inversores desatan el ataque especulativo mucho antes de que las reservas se agoten, y obligan a la devaluación. Además de atribuir el origen de la crisis a un factor exógeno (los malos manejos de la política) los supuestos del modelo son extremadamente irrealistas. El país produce un único bien compuesto comerciable, no existen problemas de productividad ni de transformación de los valores nacionales en valor internacional; se cumple la paridad de poder de compra; los precios y salarios son completamente flexibles, el nivel de ingreso está al nivel del pleno empleo y los agentes actúan en un mundo de expectativas racionales. Además la crisis se explica por la simple agregación de comportamientos “micro”, de agentes enfrentados a una política incoherente. Estas características principales del modelo se mantienen en los modelos de “segunda generación” y los subsiguientes elaborados por la ortodoxia.

[30] Según estudios citados en Crafts (1998) el output real por obrero en la manufactura de Corea era, en 1993, el 49% del de Estados Unidos; el de Taiwan era del 28% y el de China de sólo el 6% (igual que en 1980). En cuanto al pnb real por hora de trabajo, calculado a moneda constante y en base a la PPC para 1996, en tanto en Noruega era de 32,46; en Alemania Occidental de 29,68; en Estados Unidos de 25,49, era de 11,70 en Corea, de 4,51 en Tailandia y 2,87 en Filipinas.

[31] De todas maneras esta afirmación de Palma debe ser matizada; los países asiáticos tenían sus monedas pegadas al dólar, y éste se revaluó, previo a la crisis, con relación al yen y el euro; Stone  y Kochar (1998). 

[32] Que no se da si la economía está más integrada; en este caso la crisis de sobreproducción en algunas ramas del mercado mundial afectará sólo la parcialmente. En el caso de los países asiáticos, a la baja de los precios de semi conductores se sumó la suba del precio del petróleo, vital para sus economías; Stone y Kochar (1998).